(sic) 10/12

El conjunto de artículos que conforman (sic) 10/12 respira el compromiso por las acciones ciudadanas; el análisis y valoración de la situación del barrio desde posiciones críticas; el recuerdo y constatación de intervenciones artísticas que arraigaron en Velluters a finales de la década de los noventa y principios de siglo, justo cuando empezaron a conocerse las actuaciones urbanísticas, algunas ya consolidadas; y la crónica de un par de acciones promovidas por (sic) y la Associació de veïns i veïnes El Palleter que han tenido lugar en las dos últimas semanas. José Luis Pérez Pont reflexiona sobre el potencial de la ciudadanía y, sin embargo, su limitada capacidad de acción, empleando como fondo visual y conceptual las obras realizadas por William James y Moïse Soullard en Ciutat Vella en general y Velluters en particular. Los periodistas Salvador Enguix y Sara Velert, con diferentes niveles de conocimiento de la historia e idiosincrasia del barrio, emiten análisis certeros sobre el presente y se muestran críticos con las decisiones políticas que han afectado a esta zona céntrica de la ciudad.
Josep Lluis Barona, catedrático de la Universitat de València, hace un recorrido histórico por la evolución del “mal venéreo”, inseparable de las relaciones sexuales esporádicas características de los burdeles y zonas de comercio sexual, como ha sido el caso de Velluters desde al menos el siglo XVI. El artista visual Mira Bernabeu interviene (sic) 10/12 con algunas imágenes extraídas de su proyecto panorámico Post-Natural, un reportaje exhaustivo del espacio abandonado del antiguo Zoo de Valencia, que aquí es interpretado como metáfora del vacío que producen los solares y el abandono de los edificios desocupados, así como los rastros de sus habitantes. La entrevista de Federico Simón al arquitecto sevillano Guillermo Vázquez Consuegra, autor del MUVIM, indaga sobre la relación del edificio con su entorno y la culminación del proyecto, que incluye la readecuación de los jardines del antiguo Hospital General, ya en fase de obras, para el disfrute de los vecinos. Se completa esta décima entrega con la reseña a dos acciones ciudadanas que han tenido lugar en Velluters los pasados 23 y 31 de enero. La segunda foguera dels velluters, por un lado, y la primera de las dos visitas guiadas por Juan Manuel Vera Selma a través de las calles y edificios más representativos (y algunos muy olvidados) del barrio. La segunda visita está prevista para el domingo 14 de febrero, previa inscripción en el MUVIM.

OTROS VALORES. OTRA LÓGICA. José Luis Pérez Pont
La trama urbana, el espacio público, la calle, son el escenario en el que se desarrolla algo más que el recuento patrimonial e histórico del inventario municipal de un área de la ciudad. En la valoración patrimonialista del entorno suele olvidarse el cómputo del patrimonio humano, haciéndose prevalecer principios de “interés general” y “bien común” que rara vez coinciden con la pervivencia del tejido social autóctono. En algunos casos, la relación entre arte y sociedad ha puesto ahí el foco, dando visibilidad a las redes que constituyen la estructura fundamental de la vida urbana.
Respecto a la vida social, los analistas llevan tiempo investigando la dinámica de las redes sociales en el núcleo de la interacción social y la producción de significado. Por otra parte, en términos de estructura social, los arqueólogos y los historiadores de la antigüedad han reiterado convincentemente que los datos históricos muestran la permanencia y la relevancia de las redes como espina dorsal de las sociedades, desde hace miles de años, en las civilizaciones antiguas más avanzadas de diferentes regiones del planeta. Sin embargo, esta observación de los hechos históricos contradice la visión predominante de la evolución de la sociedad, que se ha centrado en un tipo diferente de organización mediante burocracias jerárquicas basadas en la integración vertical de los recursos y de los sujetos, como expresión del poder organizado de una elite social.

VELLUTERS SE QUEDA ATRÁS. Sara Velert
Los centros históricos son la memoria de una ciudad. Lugares donde la historia se pasea por calles estrechas, entre iglesias, palacios y museos. El de Valencia dicen que es de los más grandes de Europa y con razón, la ciudad presume de su catedral, del Palau de la Generalitat, la Lonja de la Seda, el Mercado Central y otros monumentos. Es la herencia de la que Valencia está orgullosa, la que vende en las postales. Pero hay otra que oculta, la de los rincones que no ha sabido rescatar de la degradación urbana y social. En el casco antiguo de Valencia ese lugar se llama Velluters. Casas abandonadas a punto de caerse, solares llenos de basura, prostitución, drogadicción, escasa actividad comercial… Ese es el paisaje urbano de Velluters, por más que en la última década se le haya lavado la cara al barrio.
Velluters se ha quedado atrás, a la espera de la regeneración que le auguraba el Plan Integral de Rehabilitación de Valencia (Riva) lanzado por la Generalitat y el Ayuntamiento de Valencia en 1992. Sobre el papel, el Riva partió del ambicioso objetivo, por lo demás lógico, de lograr a la par la revitalización urbanística, social y económica del casco antiguo. La realidad, sin embargo, ha quedado lejos de ese propósito en Velluters. El resto de barrios de Ciutat Vella han avanzado en esa senda a pesar de los clamorosos retrasos de las administraciones públicas del PP, que han ninguneado a su propio plan y no han logrado implicar de manera decisiva a la iniciativa privada. Pero la tardanza en actuar ha sido especialmente grave para Velluters, que partía con desventaja y exigía un trato diferenciado que no se reconoció hasta 1996, cuando llegaron los fondos del programa europeo Urban para “barrios en crisis caracterizados por la exclusión social”.

VELLUTERS, UNA IDEA. Salvador Enguix
Lo reconozco, no conozco Velluters. O mejor dicho, no lo conocía. Fue al aceptar el encargo de opinar sobre este barrio cuando comencé a matizar los muchos clichés que manejaba sobre esta zona de la ciudad. Curioso: soy del barrio de Patraix, conozco a casi todos sus protagonistas y, sin embargo, Velluters me quedaba lejano, en exceso. Pido ayuda – de algún político, de algún periodista, de algún amigo –  y me paseo, durante horas, por sus calles, tiendas. Lamento no haberlo hecho años atrás. Observo, y concluyo.
Velluters debe consolidar una idea: Cierto es que la falta de voluntad política ha impedido, de un lado, finalizar los proyectos urbanísticos iniciados y, del otro, activar la instalación de ofertas – culturales, de servicios – capaces de consolidar el equilibrio social necesario para evitar su degradación; que contra lo que muchos dicen, aún parece lejana. El barrio tiene vida, mucha vida; y una posición privilegiada. Hablo con Vicente González Móstoles y pone buenos ejemplos de recuperación arquitectónica, incluso de arquitectura minimalista, que ha supuesto dar nueva vida a estructuras muertas. Le inquieta la idea de la “gentifricación”, concepto anglosajón que se refiere al hecho de que las clases medias o altas acaben ocupando un barrio antiguo recuperado con dinero público. Llátzer Moix, posiblemente uno de los periodistas que más sabe sobre arquitectura en España, no le tiene miedo al concepto. Pero advierte, “no es lo importante”; mejor, añade, activar una idea, posible, realizable. para que corran los flujos sociales; aquellos que revitalicen, no que degraden. Lo peor, concluyen ambos, quedarse bloqueados, no hacer nada. Lógico, el inmovilismo es la mejor receta para que cualquier barrio sucumba. Es lo que está ocurriendo, me dicen los vecinos, en Velluters. Planes los hubo, y los hay. Incluso algunos bolsillos privados han trabajado duro para oxigenar fachadas e interiores. Algunas calles son, al respecto, una delicia. Otras, no tanto. Estos desniveles contaminan la idea general.

LA PREVENCIÓN DEL MAL VENÉREO. Josep Lluis Barona
Entre la puerta de Quart i el Hospital general de la ciudad ya en el siglo XVI se estableció un barrio donde el ejercicio de la prostitución en burdeles y casas de lenocinio contaba con una reglamentación de orden público y un sistema de revisión sanitaria, que adquirió fama y renombre. Restringido en los horarios de acceso, los lugares de esparcimiento eran objeto de control municipal y las mujeres revisadas periódicamente por un cirujano contratado para esa tarea. En caso de enfermedad venérea, las mujeres debían ingresar obligatoriamente en las salas dedicadas al mal de siment del hospital o eran tratadas ambulatoriamente. Se impedía mientras tanto que ejercieran la prostitución y la infracción era castigada con multas severas o con la expulsión de la ciudad. Aún durante el siglo XIX, el ejercicio de la prostitución era competencia de gobiernos civiles y autoridades municipales, ya que no existían referencias reguladoras en los códigos penales. El Proyecto de Reglamento General de Sanidad de 1822 planteaba que “toda mujer pública deberá presentarse a los alcaldes de cada pueblo, y éstos… las alistarán  en un libro, expresando su nombre y apellido, edad, patria, estado, señas y las de su habitación, advirtiéndoles que si mudasen de casa o barrio deberán dar parte inmediatamente para variar el asiento.” La Ley de Beneficencia de 1855 remitía a un reglamento específico que no llegó a desarrollarse.

ENTREVISTA A GUILLERMO VÁZQUEZ CONSUEGRA, ARQUITECTO. Federico Simón
“Busco una arquitectura que se enraíza y crece desde el suelo”
“Me interesa cuando la arquitectura, lejos de su condición de objeto, se convierte en paisaje y se funde en el contexto. Que la arquitectura produzca una continuidad, no sea un elemento rupturista del tejido urbano, de la trama, sino un elemento que por supuesto sea singular pero establezca una relación de continuidad física e histórica”. Con esta declaración de principios, el arquitecto Guillermo Vázquez Consuegra (Sevilla, 1945) defiende sus propuestas, alejadas de los gestos espectaculares y los golpes de efecto. Y aunque asegura que no ha seguido mucho la arquitectura que se ha adueñado de Valencia en los últimos años, de los nuevos edificios del antiguo cauce del Turia, explica que no son los que más le interesan: “La arquitectura por venir es una arquitectura bien lejos de los excesos icónicos o retóricos”. Y lo argumenta: “Yo creo que estará vinculada a los valores cívicos, una arquitectura equilibrada que además potencie la presencia de los espacios públicos; que sea sensible también a la naturaleza y al medio ambiente. Esas son las arquitecturas que me interesan. Yo creo que son las que esta crisis va favorecer”.
Por eso, Vázquez Consuegra, arquitecto con numerosos galardones entre los que destaca el Premio Nacional de Arquitectura en 2005 por la Ordenación del Borde Marítimo de Vigo, defiende su obra más emblemática en Valencia, el Museu Valencia de la Il·lustració i la Modernitat (Muvim), inaugurado hace ocho años. “La arquitectura que me importa es la que se acerca más a resolver los problemas de la sociedad, una arquitectura que nace del suelo y no del objeto”, argumenta con gesto firme pero en tono suave, “en ese sentido, el Muvim es un ejemplo claro, una arquitectura que se compromete con la cultura, con la historia, con la topografía del lugar. Busco una arquitectura que se enraíza y crece desde el suelo. De manera que extraída de este lugar perdería su primer significado”.

INTERVENCIÓN 10/12. Mira Bernabeu
Los espacios abandonados en las ciudades llevan adosados la desolación de su desuso, pues todo en ellas está previsto que funcione como una maquinaria perfecta, activa y en perpetuo movimiento. De ahí que los solares, descampados, edificios ruinosos, impliquen un vacío urbano, una falta de función intrínsecamente unida a la pérdida. De eso saben mucho los centros históricos de las ciudades y, aún más, la Ciutat Vella de Valencia, donde el número de solares y edificios abandonados sigue siendo una prueba innegable del fracaso de las políticas urbanísticas, tan dadas a derribar modos de vida tradicionales y en plena actividad, como incapaces de regenerar de manera eficaz zonas degradadas y deshabitadas.
Con la intervención Post-Natural, Mira Bernabeu compone otro de sus personales panoramas, en esta ocasión mostrando el antiguo Zoo de Valencia en su fase actual de desuso. De entre las imágenes realizadas por Mira, auténtico reportaje prospectivo y detallado de este lugar, se han seleccionado las que muestran los espacios vacíos donde en su día nacieron, se reprodujeron y murieron muchos animales que han vivido su existencia en cautividad. Estos habitáculos, celdas, jaulas… muestran el rastro dejado por sus ocupantes, generalmente en forma de muescas, manchas o protuberancias sobre las paredes o el suelo. En los espacios exteriores a las jaulas, en las calles que conformaban la trama del Zoo, en casi cualquier resquicio del recinto, la naturaleza ha tomado las riendas, desbordando sus originales receptáculos y creciendo por encima de la arquitectura.
Ampliando el margen de la interpretación de las imágenes, estas escenas actúan como clara metáfora de determinados huecos y agujeros de Velluters, en cuyos solares y fachadas la naturaleza asilvestrada toma lugar, se instala y florece. Los rastros de las fieras en las paredes de sus celdas quieren verse como la referencia a los signos de vida, en ocasiones todavía intactos, de quienes abandonaron el barrio.

mira
Mira Bernabeu (Aspe, 1969). Compagina su labor como artista visual con la codirección de Espai Visor, galería fotográfica, espacio de encuentro y restaurante, sito en la calle Corretgeria. Su trabajo artístico toma como motivo de análisis las relaciones entre el individuo y su identidad personal, con la colectividad a la que pertenece. De ahí derivan sus obras más representativas, su serie de proyectos Mise en Scène, donde destacan las fotografías de grupos en escenografías muy estudiadas y minuciosamente producidas. Expone regularmente en las galerías Valle Ortí (Valencia), T20 (Murcia), Trayecto (Vitoria-Gasteiz) y Fernando Pradilla (Madrid). Su último proyecto concluido, La genealogía de la conciencia, se presentará en el Octubre Centre de Cultura Contemporània de Valencia el próximo mes de abril.

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